Ultimo Comunicado de la Conferencia Episcopal de Nicaragua

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Ultimo Comunicado de la Conferencia Episcopal de Nicaragua

Mensaje  Marvin el Lun Jun 14, 2010 6:54 pm


A nuestros Sacerdotes, Religiosos (as), agentes de pastoral, pueblo católico, hermanos en la fe cristiana, Nicaragüenses, hombres y mujeres de buena voluntad:



introducción: a la luz del magisterio social de la iglesia



1. Los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, fieles a nuestra misión de dar testimonio del Evangelio de Cristo, “el buen pastor que da la vida por sus ovejas” (Jn 10,11), y de colaborar, como pastores de la Iglesia, a la construcción de una sociedad más humana y más justa, deseamos ofrecer algunas reflexiones a la luz de la fe sobre el momento histórico tan delicado que vive nuestra patria. Somos conscientes que no es cometido inmediato de la Iglesia la construcción de un orden social justo, ni tampoco es tarea suya el que ella misma haga valer políticamente sus convicciones de fe, pues ella no puede ni debe sustituir al Estado; sin embargo, como testigos y servidores del Reino de Dios, no podemos ni debemos quedarnos al margen de la historia en la búsqueda y la construcción de una sociedad más justa y más pacífica (cf. Deus caritas est, 28).



2. En sintonía con el sentido y la misión del magisterio social de la Iglesia, nuestro único deseo es “servir a la formación de las conciencias en la política y contribuir a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia y, al mismo tiempo, la disponibilidad para actuar conforme a ella, aun cuando esto estuviera en contraste con situaciones de intereses personales” (Deus Caritas est, 28). La doctrina social de la Iglesia, en efecto, “no pretende otorgar a la Iglesia un poder sobre el Estado. Tampoco quiere imponer a los que no comparten la fe sus propias perspectivas y modos de comportamiento. Desea simplemente contribuir a la purificación de la razón y aportar su propia ayuda para que lo que es justo, aquí y ahora, pueda ser reconocido y después puesto también en práctica” (Deus caritas est, 28).



Dos constataciones que preocupan



3. Hemos vivido con gran preocupación los últimos acontecimientos políticos, conscientes de la gravedad de algunos actos de transgresión a nuestra Constitución Política y de irrespeto a la institucionalidad del país. Debemos convencernos que sólo el respeto a las instituciones y al estado de derecho nos pueden asegurar una convivencia pacífica y democrática que garantice permanentemente la gobernabilidad, la seguridad pública y el progreso social. Recientemente hemos constatado también con gran inquietud actos de violencia, que han llevado al irrespeto de la dignidad de las personas y al atropello de la propiedad privada. Debemos convencernos que nunca la violencia, venga de donde venga, puede ser la solución a los conflictos sociales y políticos.



La crisis jurídico-institucional del país



4. Nicaragua es una sociedad estructurada democráticamente, en donde las instituciones jurídicas y políticas del Estado deben garantizar el bienestar de los ciudadanos y el orden social, al igual que ser permanentemente mediaciones y cauces del ejercicio del poder. Nos preocupa hondamente la inconstitucionalidad e ilegalidad en las que han caído algunas de nuestras instituciones democráticas, pues no podemos olvidar que “una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho” y que “una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia” (Centesimus annus, 46). Las instituciones no deben ser instrumentos en manos de quien gobierna para transformar sus abusos y ambiciones de poder en formas y actuaciones legalmente justificadas.



5. Nuestra Constitución Política establece claramente la independencia y separación de los poderes del Estado. “Tal ordenamiento refleja una visión realista de la naturaleza social del hombre, la cual exige una legislación adecuada para proteger la libertad de todos. A este respecto es preferible que un poder esté equilibrado por otros poderes y otras esferas de competencia, que lo mantengan en su justo límite. Es éste el principio del Estado de derecho, en el cual es soberana la ley y no la voluntad arbitraria de los hombres” (Centesimus annus, 44). Por eso, exhortamos a cada uno de los poderes del Estado a respetar la Constitución Política, a ejercer el poder en el ámbito de su exclusiva competencia, a actuar conducidos por los más altos valores éticos de la justicia y la convivencia social y a no dejar que las ambiciones de poder de individuos o de grupos se impongan por encima de la ley. Sólo a partir de un sólido y armónico sistema institucional, capaz de ejercer los controles legales al poder, se podrá garantizar en Nicaragua la estabilidad política y el desarrollo de la democracia.



6. Como parte de la crisis institucional que vive el país, vemos con dolor también el hecho de que muchos hermanos y hermanas nicaragüenses que trabajan en instituciones estatales, en ocasiones son obligados a participar en actividades partidarias contrarias a sus principios de conciencia, lo cual deben aceptar para poder conservar sus puestos de trabajo.



La violencia



7. Vemos como un signo de grave descomposición social el reaparecer de grupos violentos en las calles, y lo que es más grave todavía es que sean tolerados y aprobados por quienes deberían ser los primeros en rechazarlos y condenarlos. No podemos aprobar bajo ningún punto de vista estas manifestaciones brutales de violencia que atentan contra el deseo de paz de los nicaragüenses, siembran el caos y el terror y crean una imagen muy negativa de nuestro país en el exterior. Hacemos un llamado a la conciencia de los nicaragüenses, sobre todo de los jóvenes, para que “no se dejen arrastrar ciegamente por manipulaciones de líderes irresponsables que incitan a la violencia” (Comunicado de la CEN, 19.11.2009). Exhortamos también a ciertos miembros del partido de gobierno para que dejen de utilizar estos medios violentos que tienen como fin intimidar y presionar políticamente, pues lo único que se logra con ello es aumentar aún más la tensión social, promover la irracionalidad y poner en riesgo la dignidad y la vida de las personas.



¡Erradiquemos de una vez para siempre la intolerancia, la fuerza de la violencia y el odio como medios de confrontación entre los nicaragüenses!



Propuesta de concertación social



8. El momento crítico que se vive en el país solamente es superable a partir de diálogos transparentes y confiables entre el Gobierno, los Partidos Políticos y la Sociedad Civil, que lleven a un entendimiento entre los distintos sectores de la sociedad y que cristalicen en un auténtico consenso democrático y un nuevo pacto social, que asegure estabilidad política y jurídica al país y que afronte los grandes problemas sociales y económicos que golpean a la población. El acuerdo, el pacto social, forma parte de la dinámica democrática de una sociedad, siempre que se haga de cara al pueblo y buscando sus intereses. Queremos transmitirles nuestra convicción de que el diálogo y el entendimiento de buena fe es siempre posible. A la luz de la fe creemos que “los seres humanos somos imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26), llamados a reproducir la imagen de su Hijo Jesucristo (Rm 8,29), por lo que estamos capacitados para relacionarnos en un marco de serenidad, respeto y libertad” (Comunicado de la CEN, 19.11.2009). Lo que sería inaceptable en este momento es intentar resolver esta crisis conspirando a espaldas del pueblo, a través de pactos de cúpulas que buscan sólo sus propios intereses y la repartición de cuotas de poder, o con medios violentos para intimidar y forzar a pactar .



9. Es normal que en nuestra sociedad existan partidos y grupos con ideologías e intereses específicos. Sin embargo, estos diversos intereses no necesariamente deben ser excluyentes unos de otros, sino que más bien deben poder conciliarse en función de un interés superior: el bien común de la nación. “Los sistemas democráticos a veces parece que han perdido la capacidad de decidir según el bien común. Los interrogantes que se plantean en la sociedad a menudo no son examinados según criterios de justicia y moralidad, sino más bien de acuerdo con la fuerza electoral o financiera de los grupos que los sostienen (…). De ahí viene la creciente incapacidad para encuadrar los intereses particulares en una visión coherente del bien común. Éste, en efecto, no es la simple suma de los intereses particulares, sino que implica su valoración y armonización, hecha según una equilibrada jerarquía de valores, y en última instancia, según una exacta comprensión de la dignidad y de los derechos de la persona” (Centesimus annus, 47). Es necesario un acuerdo social en el que se expliciten puntos específicos de consenso nacional y en el que se articulen armónicamente las diferencias entre las diversas fuerzas sociales.



Reflexión bíblica



10. Quisiéramos evocar dos célebres y dramáticas lamentaciones que sobre la sociedad de su tiempo lanzaron dos profetas de la Biblia. En primer lugar, Amós, que veía cómo en su tiempo los encargados de defender la justicia, la volvían desagradable y detestable y de este modo condenaban a muerte la convivencia civil: “¡Ay de los que convierten en amargura el derecho y tiran por tierra la justicia!” (Am 5,7). En segundo lugar, Isaías, que constataba la incapacidad de sus contemporáneos para discernir el bien del mal, cayendo en la diabólica espiral de la confusión de los valores éticos, promoviendo lo que es reprobable y haciendo pasar por legal lo que es ilegal: “¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas!” (Is 5,20). Escuchando la palabra de Dios proclamada por estos dos profetas, hacemos un llamado a las instituciones gubernamentales, a todas las fuerzas sociales, a los partidos políticos, y a cada uno de los nicaragüenses, para que nos esforcemos por construir una sociedad fundada en el derecho y los grandes valores de la justicia y de la verdad.



11. No podemos ignorar que la situación del país es compleja y delicada. Se ha creado, en efecto, un escenario político, jurídico y social, que exige de parte de todos actitudes tolerantes y pacíficas, capacidad de diálogo y firme voluntad de poner por encima de todo los intereses de la nación. Hacemos nuestra aquella exhortación del Apóstol san Pablo a la comunidad de los Gálatas, en la que invita a ir más allá de los instintos irracionales y egoístas para vivir en la auténtica libertad, que sólo se da cuando vivimos en el amor y el respeto recíprocos, que son la plenitud de toda ley humana o religiosa: “Ustedes, hermanos, han sido llamados a la libertad; pero no tomen de esa libertad pretexto para la carne; antes, al contrario, sírvanse unos a otros por amor. Pues toda la ley alcanza su plenitud en este sólo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si se muerden y se devoran unos a otros, ¡miren no vayan a destruirse mutuamente!” (Gal 5,13-15).



Conclusión



12. Disponemos que durante el próximo mes de mayo, que la piedad católica dedica tradicionalmente a la veneración de la Virgen María, Madre del Señor, se organicen en todas las parroquias del país, jornadas de oración comunitaria, en las que se rece el rosario delante de Jesús Sacramentado, invocando el don de la paz para nuestra nación.



13. Al hacer público este mensaje nos mueve la búsqueda del bien de Nicaragua y de todos los nicaragüenses. Reafirmamos nuestro compromiso pastoral de colaborar generosamente para que todos podamos construir un país más humano y solidario, más desarrollado y democrático. Queremos renovar nuestra fe en Jesucristo Resucitado, quien está siempre vivo para interceder en nuestro favor (cf. Hb 7,25), y pedirle que fecunde con su Espíritu este momento histórico que vive Nicaragua. Que María, la Purísima, Madre de todos los nicaragüenses, ore con nosotros (cf. Hch 1,14), consolándonos y alentando nuestra esperanza.



Dado en la Sede de la Conferencia Episcopal en la Ciudad de Managua a los 23 días del mes de Abril, del año sacerdotal 2010.


Marvin
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